El Imperio Romano tardío no fue el ocaso del mito popular

vía CatholicHerald.co.uk de Fr Alexander Lucie-Smith el 23/12/11

El siempre excelente Ed West tiene esto que decir en Telegraph blogs, al hablar de nuestra decadencia actual:

“Hay, por supuesto, muchas otras similitudes entre nuestra época y el Imperio Romano: un descenso de la natalidad, especialmente marcada entre las mujeres de clase alta, un colapso en las creencias religiosas y el crecimiento de una fe monoteísta más vital y dinámica desde Oriente Medio; un apego reduccionista al ideal del país – patriotismo – y una fijación mayor por el estado, un estado para el que casi toda la gente ambiciosa y con estudios deseaba trabajar.”

Ésta es una especie de punto común en el que comparar nuestra propia época con el periodo de colapso del Imperio Romano de Occidente. Curiosamente, cuando investigaba en mi tesis, que tenía un capítulo dedicado a San Agustín, leí bastante acerca de lo que los historiadores llaman Antigüedad Tardía.

La Antigüedad Tardía es un periodo fascinante por dos motivos. En primer lugar está lleno de sorpresas, y en segundo lugar está plagado de excelentes fuentes, de las cuales la principal a mi parecer es el propio san Agustín. Sabemos más sobre San Agustín que cualquier otra persona antigua (con la posible excepción del emperador Juliano) y a través de él podemos encontrar un punto de entrada al mundo de la Antigüedad Tardía; únicamente cientos de años después tendremos una una visión similar acerca de lo que la gente piensa y siente, cuando llegamos a los escritos confesionales del siglo XVII.

Entonces, ¿qué podemos aprender del ocaso del Imperio Romano?

Para comenzar, es un error pensar en ello como un ocaso. El Imperio estaba sustancialmente intacto tras la muerte de Teodosio el Grande en 395, e incluso después de 410, cuando Roma fue saqueada por Alarico el Godo, Agustín deja claro en Ciudad de Dios que piensa que Roma, a pesar de sufrir un revés, no será derrotada de ningún modo. De hecho, los historiadores contemporáneos creen ahora que mientras la caída de las provincias del norte de África fue un duro golpe, que se produjo en el año de la muerte de San Agustín, el 430 DC, fueron únicamente los dos siguientes fracasos en su recuperación, en 461 y 468, lo que hundió el Occidente. De modo que incluso en la segunda mitad del siglo V, la gente en el Imperio Romano podría haber creído que el Imperio iba a sobrevivir, de la misma manera que había sobrevivido el periodo de gran dificultad el siglo tercero después de la adhesión de Diocleciano.

Lo que queda muy claro en la lectura de Agustín, incluso en Jerónimo, es un fuerte sentido de la creencia que estos hombres tenían en la idea romana, que fue resumida en la línea inmortal que Virgilio pone en boca de Júpiter: Imperium sine fine dedi. “Concedo dominio imperial sin fin.” Agustín y Jerónimo eran cristianos, pero esta idea tendría sentido para ellos. Roma era inmortal, la inmortalidad no era asegurada por Júpiter sino por la Divina Providencia. Es más, la otra etiqueta de Virgilio sobre el papel de Roma en el mundo, parcere victis et superbos debellare – “perdonar a los que se sometan y dominar a los soberbios” – tendría mucho sentido también para los cristianos.

Por lo que me parece que la Antigüedad Tardía tenía una idea clara de sí misma y su sentido. Esto, me parece, está en claro contraste con nuestro mundo, que habla mucho de valores, pero raramente dice cuales son esos valores.

Pero si ese es el caso, ¿por qué indudablemente colapsó el Imperio Occidental? La auténtica razón, en la medida que puedo juzgarlo desde mi lectura, fue la debilidad interna causada por las incesantes guerras civiles. Los romanos lucharon contra los romanos hasta que el Imperio Occidental se quedó sin tropas. El Imperio Oriental era mucho menos propenso al asesinato del emperador, la usurpación y la guerra civil. Pero Occidente fue esencialmente destruído por sus propias fuerzas armadas. Alarico, después de todo, fue, aunque nacido bárbaro, un general romano pagado por el Imperio Romano, y saqueó la Ciudad porque no había sido debidamente pagado. Uno de los últimos líderes militares eficaces del Imperio Romano fue Estilicón – mitad vándalo, pero enfáticamente romano – fue asesinado por su propio yerno el ineficaz emperador Honorio. Esta gente, godos y vándalos, no querían destruir el Imperio sino que querían apoderarse del mismo desde dentro y entorno al siglo V lo habían logrado más o menos. Estilicón fue buen gobernante y general, pero las divisiones internas lo hicieron por él. En el siglo VI Italia iba a ser debastada no por los godos, sino por el ejército romano de Justiniano tratando de reconquistar la península para el gobierno de Constantinopla.

Jerónimo, por cierto, en sus cartas lamenta el hecho de que el Imperio de confianza a hombres como Estilicón; creo que el error del Imperio no fue no confiar en Estilicón, sino no confiar en él lo suficiente. Quizá él podría haber salvado el Occidente.

Pero, ¿cuál es la lección para nostros? Volviendo a lo que preocupa a Ed West sobre la inmigración de los solicitantes de asilo e inmigración, las personas que llegan a Europa procedentes de Afganistán yo diría que generalmente lo hacen porque quieren lo que Europa tiene, más que porque deseen destruir Europa desde dentro. Si, hay caballos de Troya en medio de nosotros, pero estas personas son relativamente pocas y distantes entre sí; la mayoría de inmigrantes quieren integrarse, seguramente, tanto como lo hicieron Alarico y Estilicón. 

Esto me recuerda algo que una señora que tenía un gran conocimiento de Oriente Medio me dijo al respecto del ahora famosoDiscurso sobre la Ley Sharia de Rowan Williams. Me contó que había tenído a una mujer llamándola todo el día, siempre diciendo lo mismo: “¿El arzobispo no se da cuenta de que venimos a Gran Bretaña para escapar de la opresión de la Sharia? Y ahora la misma persona que debería resistirse a la Sharia está intentando obligarnos a volver a ella.”

Su has leído hasta aquí, quizás estarías de acuerdo conmigo en que esta es una entrada larga y desordenada. Mi conclusión es que como Agustín, necesitamos tener confianza en nuestro mito nacional; sin él, estamos perdidos. Pero no estamos perdidos todavía.

Tradujo  PG

(El original, en inglés, aquí: El Imperio Romano tardío no fue el ocaso del mito popular)

 

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