Pedófilos post-modernos

Escrito en Public Discurse, Anne Hendershott tiene un importante aunque desagradable artículo, publicado la semana antes de Navidad. El aspecto desagradable del artículo no es culpa de la autora, sino que viene dado por los hechos desagradables de los que está obligada a informar. La idea central de su argumentación: aunque la mayoría de los estadounidenses están disgustados con razón ante los recientes informes acerca del abuso sexual infantil acontecidos en algunos programas de deporte universitario, hay académicos e intelectuales que llevan décadas trabajando en la normalización de la pedofilia con el objetivo de socavar los supuestos que sustentan la opinión pública de que tales encuentros sexuales son por naturaleza explotadores y perjudiciales.

Aunque no están muy extendidos tales esfuerzos, señala, no suceden de manera aislada. Estos argumentos no son sólo el trabajo de los profesores asilados sino que han sido el tema de libros publicados en editoriales universitarias, revistas profesionales, y de representaciones teatrales patrocinadas por universidades. El artículo completo de Hendershott es digno de atención como un indicio del pensamiento que se puede encontrar en entornos académicos e intelectuales contemporáneos.

Sólo me gustaría añadir que las raíces del problema son más profundas, o los errores más antiguos, de lo que su artículo sugiere. Hendershott señala que aquellos que tratan de normalizar la pedofilia tienen que hacer la guerra a las nociones de "esencialismo" en relación con la sexualidad humana. Es decir, tienen que negar que nuestra sexualidad tiene carácter moral intrínseco por el cual podemos juzgar que algunas de sus expresiones están correctamente ordenadas y otras están desordenadas y están mal. Sin embargo, ese genio fue sacado de la botella hace tiempo. La idea de que no hay normas morales objetivas derivadas de la naturaleza del sexo se concretó hace décadas como un medio para justificar la liberación sexual de los adultos. Una vez hecho esto, sólo era cuestión de tiempo que la lógica de la idea en sí misma, junto con el  carácter insaciable de los deseos de liberación de las restricciones morales tradicionales, comenzara a erosionar la creencia tradicional de que la explotación sexual de los niños no se debe tolerar. He hecho versiones de este argumento con mayor detalle aquí y aquí

Para escapar de estos y otros males, tendríamos que volver seriamente sobre la idea de que la sexualidad humana tiene una naturaleza moral intrínseca que expresa los propósitos e impone límites que todos debemos respetar. Esta idea, por supuesto, se ha enseñado de forma más insistente y más creíble por parte de la Iglesia Católica, cuya doctrina moral aquí, como en todas partes, es necesaria para impedir que nuestra sociedad caiga en una nueva barbarie.

Traducido por PG

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