El pedófilo postmoderno

por Anne Hendershott
20 de diciembre de 2011

Conozca a los académicos que tratan de redefinir la pedofilia como “intimidad intergeneracional”.

El enfado y el rechazo que la mayoría de nosotros sentimos cuando nos enteramos de las denuncias de abuso sexual de niños en los programas deportivos de Penn State y la Universida de Siracusa sugiere que nuestras normas culturales sobre el abuso sexual de menores está intacto. Sin embargo, hace tan sólo una década un movimiento paralelo surgió en algunas universidades para redefinir la pedofilia con el término, más inocuo, “intimidad sexual intergeneracional”.

La publicación de Harmful to Minors: The Perils of Protecting Children from Sex (Abuso de menores: Los peligros de proteger a los niños del sexo) prometió a los lectores una “revisión radical, refrescante y largamente pospuesta de la forma de pensar y actuar respecto a la sexualidad de niños y adolescentes.” El libro fue publicado por la Universidad de Minesota en 2003 (con prólogo de Joycelyn Elders, quien había sido jefe del servicio federal de sanidad de EEUU en la administración Clinton), después de que el autor, Judith Levine, publicase una entrevista en el sitio web de la universidad denunciando que “hay gente queriendo imponer una agenda religiosa conservadora que niega a los menores el acceso a la expresión de su sexualidad,” y añadiendo que “tenemos que proteger a los niños de los peligros reales… pero eso no significa defender esa fantasía que llaman inocencia sexual.”

Esta redefinición de la inocencia infantil calificada como “fantasía” es la clave de la definición bajo la que se oculta la pedofilia que se permitió en el campus de la universidad. Basándose en el lenguaje de la teoría postmoderna, los que trabajan para redefinir la pedofilia tratan de redefinir la infancia reclamando que “infancia” no es un hecho biológico. Por el contrario, sería una construcción social – un término históricamente producido por la sociedad. Semejante deconstrucción es el fruto de los esfuerzos de una comunidad apoyada por algunos expertos del entorno universitario y un gran número de escritores, investigadores y editores que estaban dispuestos a cuestionar lo que la mayoría de nosotros vemos como un tabú. 

Los teóricos postmodernos están principalmente interesados en un tipo de escritos que evoca la naturaleza fragmentaria de la experiencia y la complejidad del lenguaje. Una de las fuentes más citadas para esto es el libro Male Intergenerational Intimacy: Historical, Socio-Psychological and Legal Perspectives (Intimidad masculina internacional: Perspectivas históricas, socio-psicológicas y legales). Esta colección de artículos de expertos, la mayoría europeos y algunos con afiliaciones a universidades estadounidenses, ofrecen argumentos para lo que llaman “intimidad intergeneracional.” Ken Plummer, uno de los colaboradores, escribe que “no podemos asumir por más tiempo que la infancia es un tiempo de inocencia debido simplemente a la edad cronológica del niño.” De hecho, “un niño de siete años puede haber elaborado un conjunto de comprensiones sexuales y códigos que desconcertarían a muchos adultos.”

Plummer, diciendo basarse en el trabajo teórico de los historiadores sociales, el socialismo-feminismo, estudios foucaultianos, y los sociólogos constructivistas, proponía construir una “nueva y fructuosa aproximación a la sexualidad infantil.” Dentro de esta perspectiva no hay ninguna base en el desarrollo sexual infantil lineal ni real, sólo una mera definición impuesta desde el exterior.

Denunciando las “visiones esencialistas de la sexualidad,” estos escritores intentan eliminar las barreras esencialistas de la infancia. Esto abre la puerta a la pedofilia postmoderna que ve tal comportamiento como parte de las políticas de transgresión. Ya no son pervertidos, son simplemente “transgresores” postomodernos.

En 1990, la revista Journal of Homosexuality publicó un número doble dedicado a las relaciones sexuales entre adultos y niños titulado “Intimidad Intergeneracional.” David Thorstad, expresidente de la Alianza Gay de Nueva York, activista y miembro fundador de la Asociación Norteamericana de Amor Hombre/Chico (NAMBLA en sus siglas en inglés), escribía que “actualmente el amor entre chicos sucede en cada barrio.” El movimiento continúa, pero ha pasado a la clandestinidad desde que la NAMBLA se vió envuelta en una demanda de 200 millones de dólares por muerte por negligencia presentada en el Tribunal del Distrito de Boston en EE.UU. La demanda alega que los escritos de la web de NAMBLA provocaran que el miembro de NAMBLA Charles Jaynes torturara, secuestrara y asesinara a un niño de 10 años en Boston.

No hace mucho, los pedófilos postmodernos tuvieron un apoyo en la cuestión de su definición por la modificación de los términos en la Asociación Psicológica Americana. En 1998, la asociación publicó un artículo en su Boletín Psicológico que concluía que el abuso sexual de niños no era dañino. Los autores recomendaban que la pedofilia debería asociarse a un término con un valor neutral como “sexo de adulto con niño.” NAMBLA rápidamente incluyó las “buenas noticias” en su web, estableciendo que “la actual guerra contra los amantes de chicos no tenía base científica.”

Parece que un gran número de pedófilos postmodernos se han tomado el consejo en serio. Durante un tiempo, hemos vivido en una cultura en la cual el sexo hombre-chico no sólo era tolerado, sino celebrado. Y mientras que el escándalo por las acusaciones de Penn State y Siracusa revela que la pedofilia masculina sigue siendo contestada, no ocurre lo mismo en el caso del sexo mujer-chica, debido al poder del movimiento feminista, por lo que apenas permanece en el radar cultural.

“Los Monólogos de la Vagina”, por ejemplo, es todavía parte del repertorio teatral habitual en las producciones estudiantiles en los campus universitarios – incluidos Penn State y Siracusa. La obra original explora la “mayoría de edad” de una chica que comienza con 13 años una relación sexual con una mujer de 24 años. Las versiones de la obra posteriormente publicadas cambiaron la edad de la joven de 13 a 16 años, y la obra sigue siendo representada. La producción del pasado febrero (febrero de 2010) en la universidad de Siracusa se aumentó invitando a “todas las facultades” a representar la obra en el campus. 

Mientras que la indignación por los recientes abusos sexuales sugerirían que la etiqueta “perversión” se mantendría para la pedofilia, la realidad es que este fuerte movimiento con arraigo en la universidad continuará su batalla semántica e ideológica para redefinir esta forma de perversión.

Traducido por PG

Original en El pedófilo postmoderno

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