¿Tim Tebow es un hipócrita?

Tim Tebow representa las dos grandes religiones de América: el cristianismo y el fútbol. Pero el modo en que interviene en ambas el joven quarterback de los Broncos de Denver molesta a seguidores de ambas fes. En sus intervenciones después del juego siempre empieza con un “me gustaría agradecer a mi Señor y Salvador Jesucristo,” y frecuentemente se arrodilla en el campo y agacha la cabeza para rezar – una postura ahora llamada Tebowing. (Echa un ojo a las fotos de la web de otros Tebowings en lugares públicos.)

Pero el comportamiento de Tebow en el campo plantea importantes cuestiones sobre la oración y cómo los cristianos deberían practicarla. Andrew Sullivan criticó a Tim Tebow diciendo que sus oraciones públicas violaban las enseñanzas de Jesús en el Sermón de la Montaña (Mateo 5-7) donde dice a sus seguidores que rezen en privado:

“Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” (Mateo 6,5-6)

En referencia al hábito de Tebow de orar durante los juegos de la NFL delante de millones de espectadores, Sullivan dice “¿Por qué un cristiano repudia en público al Dios que adora?” ¿Tiene razón Sullivan? ¿Tim Tebow está violando las enseñanzas de Cristo con su comportamiento en el campo? La respuesta es más complicada de lo que le gustaría a la crítica de la práctica pública de la religión.

Estrictamente hablando Jesús no prohibió hablar en público. De hecho el oró públicamente en numerosas ocasiones incluyendo antes de las comidas (Marcos 6,41) y entre la multitud antes de resucitar a Lázaro (Juan 11,41-42). Él también oró donde sus seguidores podían verlo y oírlo. Como resultado ellos le pidieron, “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11,1)

Lo que Jesús rechaza en el Sermón de la Montaña es la oración hipócrita. La palabra hipócrita es derivada del griego que significa actor. Es, literalmente, alguien que finge; quién engaña. Esto es lo que Jesús observa entre muchas personas religiosas. Fingen ser devotas de Dios para ganar la aprobación de la gente. Recuerdemos, la antigua Judea tenía una cultura que valoraba altamente la religiosidad. Tales comunidades, pasadas y presentes, ponían grandes énfasis en la evidencia externa de la devoción religiosa, y esto tiende a incentivar la hipocresía.

En el corazón de las enseñanzas de Jesús no se encuentra una forma de oración (cómo, cuándo, dónde), sino la motivación de la oración (el por qué). ¿Estamos orando con devoción auténtica a Dios, o simplemente queremos ganar el favor de la gente? No sé que poder de percepción tiene Andrew Sullivan, pero soy incapaz de observar el alma de Tim Tebow para saber su motivación para rezar en el campo. Si está rezando para ganarse el elogio de los espectadores, entonces Jesús dice que ya tiene su recompensa. A diferencia de Sullivan, doy a Tebow el beneficio de la duda y asumo que sus motivos son auténticos.

Sin embargo, Jesús no ofrece consejos prácticos para evitar caer en la trampa de la hipocresía en la que todos podemos caer. Él dice que debemos orar en privado. La privacidad hace la hipocresía imposible. Uno no puede fingir si no tiene audiencia. Sin embargo, ¿se puede aplicar esta llamada a la oración privada todavía en nuestro entorno cada vez más secularizado?  A diferencia de Judea en el siglo I, Europa en el XV, o Nueva Inglaterra en el XVIII, nuestra cultura no premia la religiosidad pública. Hoy en día los que se ponen en las esquinas de las calles a predicar o rezar tienden a ser criticados más que alabados. En nuestro contexto “ser vistos por los otros” es una tentación mucho menor.

¿O no?

Creo que podría argumentarse que la aparición de las comunicaciones digitales y las redes sociales han hecho de la hipocresía religiosa una tentación más peligrosa más de lo que a menudo reconocemos. Lee Siegel en su libro Against the Machine, analiza la forma en la que se esconden falsas identidades “fantasma” en Internet. Es un medio que pensamos que fomenta la rapidez y la autenticidad, pero realmente alimenta la superficialidad. Nos permite construir y presentar fácilmente una fachada al mundo; una imágen de quien querríamos ser, más de lo que realmente somos. Y en el caso de las redes sociales como Facebook y Twitter, las relaciones personales que se esconden detrás de esas fachadas son casi imposibles de creer (a pesar de lo que a muchas chicas de 16 años les gusta pensar). En otras palabras, en la red la hipocresía no sólo es fácil, es habitual.

Cuando los cristianos viven y muestran sus vidas religiosas en la red puede llevar precisamente al peligro del que Jesús advierte – buscar la aprovación de la gente en lugar de la intimidad con Dios. Una vez escuché a una consejera matrimonial decir, “no puede haber intimidad sin privacidad.” Y pasó a describir esto como un peligro real de contínua actividad en las redes sociales. Si todo está publicado, no queda nada que pueda unir a esas dos personas. No hay un conocimiento íntimo sobre el cual pueda echar raíces su comunión. La gente que publica todo, incluyendo sus vidas religiosas, para el consumo masivo tratan de ganar la aprobación de los demás siendo transparentes. Pero en el proceso pierden la habilidad para alimentar su alma con auténtica intimidad con Dios y los otros.

¿Por qué estamos tan tentados de mostrar nuestra vida, incluyendo nuestra vida con Dios, en la red? En 2004 la película Shall We Dance, uno de los personajes tenía este diálogo realmente perspicaz:

“Necesitamos un testigo de nuestras vidas. Hay mil millones de personas en el planeta… Quiero decir, ¿qué significa realmente una sóla vida? Sin embargo, en el matrimonio estás prometiendo cuidarle en todo. En las cosas buenas, en las malas, en las terribles, en las mundanas… en todo, todo el tiempo, todos los días. Estás diciendo, ‘tu vida no pasa desapercibida porque yo me doy cuenta. Tu vida no pasa sin testigos porque yo seré tu testigo’.”

Todos queremos que nuestra vida importe, y creemos que sólo importa si alguien se da cuenta de ella. Me pregunto si este deseo de un tesigo no es lo que alimenta muchos blogs, cuentas en Facebook, y especialmente en Twitter. Queremos que alguien, cualquiera, se de cuenta, que se preocupe por nosotros, que nos mire y nos comunique su atención, “tu importas. Tu vida cuenta.” Si esta es una de las motivaciones escondidas detrás de engancharse a las redes sociales, y creo que lo es, estamos hablando realmente de un hambre espiritual – que al final no puede ser alimentado en la red. Este tipo de hambre de intimidad sólo se puede satisfacer en lo oculto, en la comunión privada con nuestro Creador. Tal y como dice el salmista:

Señor, tú me examinas y me conoces, sabes cuando me siento o me levanto, desde lejos penetras mis pensamientos. Tú adviertes si camino o si descanso, todas mis sendas te son conocidas. No está aún la palabra en mi lengua, y tú, Señor, ya la conoces.

Creo que en la economía de la Salvación no hay un sólo pensamiento, sentimiento o momento perdido. No hay nada no visto o no recordado. Pero en nuestra cultura de vouyerismo digital, estamos tentados a creer que las cosas sólo son reales cuando son externas.. en papel, publicadas, posteadas, twitteadas, o presentadas. Una razón más de por la que necesitamos recuperar la disciplina del secreto para conseguir asumir la verdad de que Dios está realmente con nosotros y es testigo de cada pensamiento y reflexión. En la intimidad de la oración descubro que mi vida realmente importa – no porque alguien la lea, vea u oiga, sino porque Dios es mi testigo.

Traducido por PG

Original en ¿Tim Tebow es un hipócrita?

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