Amable Fornicación

Autor: Anthony Esolen

El caso contra la revolución sexual se puede resolver si podemos mostrar que la forma de relación sexual más natural, agradable y “responsable” fuera del matrimonio es profundamente desordenada y destructiva. Lo llamaré el caso de la Amable Fornicación.

Los Amables Fornicadores no se acuestan con alguien que no conocen. Tienen normas morales. Los Amables Fornicadores únicamente se acostarán con alguien a quien quieren. Lo que esto significa nunca estará claro. Algunos Amables Fornicadores dicen, “tendré relaciones sexuales sólo con alguien con quien tenga la intención de casarme, y que tiene la intención de casarse conmigo.” Otros AF dicen, “me acostaré sólo con alguien de quien esté enamorado, y con quien podría casarme.” Otros dicen, “sólo me acostaré con alguien que realmente me importe.”

Los Amables Fornicadores llegan a conocer a los familiares el uno del otro. Usan anticonceptivos, porque saben, aún cuando no caigan en la cuenta de la contradicción, que no está bien traer niños al mundo sin una madre y un padre unidos el uno al otro para siempre. Los Amables Fornicadores creen en el divorcio, como un seguro ante fallos, para otras personas. Los Amables Fornicadores en parte justifican lo que ellos estan haciendo precisamente porque no quieren exponerse a la posibilidad de divorcio. Sienten que es más responsable pretender estar casados antes de casarse, a ver si la cosa funciona. Es una especie de comprosmiso con reservas.

Los Amables Fornicadores no consumen pornografía. Consienten la sodomía, pero más porque otros lo hacen que porque realmente les guste. Los Ambles Fornicadores son puros, y sólo en raras ocasiones llegan a la obscenidad. Los más Amables de los Fornicadores acuden juntos a la iglesia. Creen, y no están del todo equivocados, que Dios les ha entregado el uno al otro. No desprecian la santidad. Realmente buscan lo que hacen para ser bendecidos.

Si hubieran nacido hace un siglo, los Amables Fornicadores probablemente habrían llegado al altar vírgenes, ambos, hombre y mujer. Creen en los Diez Mandamientos, pero se les ha enseñado que uno de los mandamientos ya no se aplica en el mundo moderno, al menos no en el modo en que solía.

Los Amables Fornicadores no se desean como meros instrumentos de placer sexual. Sus relaciones se caracterizan por un alto grado de bondad y sacrificio. Esto es, si nos abstraemos de todas las acciones que no tienen que ver directamente con la fornicación misma, encontramos grandes cosas que admirar en sus personalidades y hábitos. La “esposa” puede cocinar estupendos platos para el “marido”, y el “marido” lleva flores para su “esposa”. Celebran “aniversarios” marcados por el día que se conocieron. Piensan que engañar a la pareja es escandaloso. A menudo son incorregiblemente sentimentales de una forma amable. Están felices de estar en compañía el uno del otro, y otros disfrutan también de su compañía.

Los Amables Fornicadores no son lo que la mayoría de la gente llamaría egoístas. Se presentarán voluntarios para los comedores, o como entrenadores de liguillas infantiles. Conforman los agradables grupos de catequistas de las iglesias liberales, o en las guarderías, porque realmente les gustan los niños, y – no ahora, pero sí algún día – quieren tener los suyos propios.

Los Amables Fornicadores son gente respetable. De hecho, en este sentido se asemejan a esos hombres de clase alta “decente” de generaciones anteriores que mantendrían una discreta amante por un lado, mientras que su mujer tácitamente lo permitiría. Mientras, todos entenderían que lo que estaba pasando, mientras mantuviese a su mujer e hijos, estaría bien. Pero el marido que se acostase con la mujer del mayordomo, o la mujer que se acostase con el lacayo mientras el marido estaba ausente, serían despreciados. Hay que respetar esas “reglas”.

Estas “reglas” no tienen nada que ver con la santidad, sino con el “saber hacer” social. El adúltero de clase alta se habría indignado si alguien le hubiera acusado de una terrible imprudencia – por ejemplo, frecuentar burdeles, teniendo una enfermedad venérea. Así también los Amables Fornicadores se escandalizan por lo que simplemente no debe ser hecho: participar en orgías, nudismo, engañar a la pareja, y demás. En este caso aplican la Regla de la Recta Móvil. Es decir, la línea que divide lo que es sexualmente lícito de lo ilícito se coloca siempre uno o dos pasos por debajo de lo que uno está haciendo en ese momento.

El más escrupuloso de los Amables Fornicadores que no esté claramente concienciado lo explicaría así: “Mi pecado sexual es perdonable, pero en otras personas es un tema distinto.” Los Amables Fornicadores preservarán las categorías de lascivo y picaflor. La existencia de esa gente no se discute. Existen por definición.

Ahora bien, si la Amable Fornicación es mala, entonces por fuerza la revolución sexual entera se cae. Mostraré, en próximos episodios: primero que es malo en si mismo; después que hace mal a las personas que la practican, y finalmente que hace mal a otros. De esta forma se desgarra el tejido social, y cualquier católico que actualmente conozca la doctrina social de la Iglesia lo debería rechazar.

 

Traducido por PG

Original en Nice Fornication

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