Vender el Vaticano

Por Bad Catholic

 

Mantuve con alguien una conversación que, en justicia, sólo podía describirse como un prodigio de Michael Moore. Fue así:

Él: “Estados Unidos necesita un liderazgo fuerte, porque el capitalismo está desorganizado”.
Yo (sin tomarme en serio sus oh-tan-inteligentes temas de conversación): “Entonces hay que vender los Estados Unidos al Vaticano: son muy buenos en eso de la organización.”
Él (enojado): “El Vaticano debe vender todo su oro para alimentar a los hambrientos de África.”
Yo (advirtiendo, con interés, cómo la mera mención de la Iglesia Católica destruye y desbarata cualquier discurso lógico): ¿De qué oro – exactamente – estás hablando? ¿Acaso cada obispo tiene un tesoro del que no sé nada?
Él (moviendo las manos para indicar un cúmulo de riquezas): Tú conoces las iglesias y catedrales y sabes que el Papa vive en una mansión.
Yo: ¿Cómo crees que consigue la Iglesia su dinero?
Él: …
Yo: Quiero decir que no es que tengamos -precisamente- mucha mercancía para vender, aparte de la Eucaristía que es gratis.
Él: …
Yo (consiguiendo predicar): La Iglesia es, por definición, todos sus miembros. El dinero que la Iglesia tiene es el dinero que los seguidores tienen, el dinero que dan. El resultado sería que una persona pobre ha echado su diezmo en una cesta para la Iglesia, la Iglesia ha comprado un tabernáculo de oro y habría que fundirlo para poder recuperar el dinero. Tu argumento descansa sobre la arrogante presunción de que todo lo que quieren los pobres es dinero y alimentos. ¿Alguna vez has preguntado al pobre católico si le gustaría cambiar la belleza de su iglesia por dinero en efectivo? Chico, te llevarías un chasco, porque la mayoría de los católicos son pobres, y saben lo que es importante en la vida. ¿No es suficiente que semoss la mayor organización de caridad en el mundo?
Él: Pero no puedes negar que el Papa vive en una mansión.
Yo: Y tú no puedes negar que, si no viviera en una mansión, el pueblo católico lo pondría en una. Somos humanos, nos gusta reverenciar las cosas.
Su amigo (en voz baja): Colega, creo que has perdido el debate.
Él: ¡Qué va! Estoy bien.

¡Que tengáis una noche estupenda!

Traducido por JV

Original en  Selling the Vatican

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