Entrevista con Marc Barnes

Por Brandon Vogt
– Chesterton apareció con sus paradojas bien entrados los sesenta años. Tolkien tenía 62 cuando terminó El Señor de los Anillos. Tu forma de escribir ha sido comparada con ambos, sin embargo, la gente se queda con la boca abierta cuando descubre que sólo tienes 18 años. ¿En qué sentido tu edad ha sido una bendición y una maldición?
Mi edad me permite abordar temas de una forma que el mundo le niega a la EWTN. Me permite manipular los poderes otorgados injustamente a los adolescentes y negados a los adultos: sarcasmo, exageración, provocación, y, sobre todo, humor. La virtud del humor es lo que hará que el hombre escuche sin importarle mucho que no esté de acuerdo. (La única vez que otro te da la licencia para llamar gorda a su madre es cuando le puedes hacer reír mientras lo haces.)
La risa es lo que más desarma. Nadie te escuchará cuando dices que la contracepción es pecado, pero si se presenta como una broma, su corazón estará más abierto al hecho que todo un año de prédicas podría lograr. El resultado final de usar este estilo es que realmente no tengo que moderarme; me dan la libertad de escribir lo que creo como adolescente.
Lo cual es un problema. Con 18 años caigo en la valoración del estilo sobre el contenido y en el humor fácil sobre la filosofía real. Puedo hacer amplias suposiciones, crudas caricaturas, y tener en general una falta de sensibilidad a la complejidad de mis lectores.
Además está el hecho de que, y esto tiene más que ver con el carácter que con la edad, soy un hipócrita. Escribir es fácil, vivir es duro, y todavía no he escrito un post sin una pizca de burla hacia mí mismo: “Sí, tu dí a esa gente que lleve a una profunda vida de oración, que pare de pecar, que transforme la lujuria en amor, y vivir la llamada de Cristo. Simplemente díselo.”
También puedo suprimir el promedio de seis palabras malsonantes en cada post del blog. Tener 18 años permite a mis críticos/oponentes/ardientes herejes un argumento fácil con el que salir: “Bueno, eres joven: aprenderás la verdad de la vida cuando seas mayor.”
– Mucha gente, yo incluído, ha comparado tu estilo con todo el mundo desde Chesterton a Tolkien, desde Flannery O’Connor a Walker Percy. ¿Puedes hablar de cómo estos han influido en tu escritura?
Estas comparaciones son una forma de insulto bien intencionado a grandes escritores. No sé si su influencia se deja ver a lo largo de mi trabajo, después de todo, se necesita alguien más para decirte que tienes los mismos ojos que tu madre, pero sí sé que han alejado mi escritura de un pretencioso desastre. Una forma más adecuada de decir “el sr. Barnes suena como al sr. Chesterton” podría ser “el sr. Chesterton previene al sr. Barnes de sonar como una mierda.” Pero te diré que he aprendido cosas de cada uno de los que mencionas.
Walker Percy me enseñó que terminas por probar la existencia de Dios cuando muestras a aquellos que fallan viviendo sus mandatos como muestra de los que no lo hacen. Él reclama que que puedo vivir cómodamente entre ruinas (el mundo se ha ido a la mierda, pero no me entristecerá) y me introduce en el existencialismo de Kerkegaard, por el cual puedo simultáneamente odiarle y amarle.
La sra. O’Connor me enseñó que a veces mostrar lo grotesco es mostrar lo mejor.
Chesterton me enseñó que si no lo pasas genial argumentando, debatiendo, pensando y escribiendo, entonces deberías estar haciendo otra cosa. Y a no temer a las paradojas. Él me hizo católico.
Tolkien me enseñó que ser católico es una batalla y un romance.
– En tu blog escribes mucho acerca de lo que John Allen Jr. llama “cuestiones pélvicas”: aborto, anticoncepción, matrimonio y pornografía. ¿Cómo pueden los católicos combatir la llamada “cultura de la muerte”, que planta cara a la vida y al amor verdaderos?
Los católicos están en la remarcable situación de ser el único grupo de gente que desea separar el sexo -en toda su belleza trascendente- del asesinato de niños, la esterilización de nuestros hermanos y hermanas, la total utilización de hombres y mujeres, y la extraña y friki pasión con que el mundo quiere implicarse con la vida sexual de todos los demás.
Esto hace asombrosos a los católicos. Nosotros estamos promoviendo el bien -que el sexo es sexy- mientras que el mundo promueve el mal. Nosotros defendemos el argumento positivo -que los niños merecen la vida- y no el negativo -que a veces las cosas son tan difíciles que, simplemente, tienes que asesinar. En el momento en que nos volvemos negativos o defensivos hemos perdido la batalla. ¿Por qué razón debería alguien que defiende la Bondad, la Verdad y la Belleza ser menos que brillante, afirmativo y alegre?
– Otro tema favorito de los tuyos es la Belleza. Fyodor Dostoyevsky una vez dijo que “la belleza salvará al mundo”. ¿Por qué la belleza es tan importante y cómo podemos aprovechar su poder?
En realidad es muy simple. Hay tres Trascendentales, tres objetivos infinitos que el hombre de forma natural se esfuerza por lograr. Se esfuerza por lograr la Bondad (lo que él debería obedecer), la Verdad (lo que debería creer), y la Belleza (lo que debería admirar).
Para la visión cristiana del mundo, estos tres Trascendentales, en su perfección son Dios mismo. Dios es Bondad, Verdad y Belleza. (Esto, de paso, implica que bondad=verdad=belleza (¡Keats tenía razón!), pero estoy divagando.)
En su forma imperfecta, esto es, ese intento lamentable de ser Bueno, conocer la Verdad y alcanzar la Belleza, señala a Dios. Son cada una de las imágenes de Dios. Ahora en nuestra cultura que se deshace del Bien con el relativismo moral, se ha limitado a sí misma, con el “yo soy el árbitro de mi propia moralidad”. Se ha deshecho de la Verdad con el sistema de educación público “mi verdad no es tu verdad, y prometo que esta declaración es verdad”. Y hemos dejado la Belleza como nuestra última esperanza para evitar condenarnos a un Infierno deliciosamente vago y relativo.
La Belleza, aunque muchos lo nieguen, golpeará al hombre brusca y objetivamente. La Belleza tiene el sabor del dogma. La Belleza salvará al mundo, porque es el útimo Objetivo Infinito que admitimos, es pues el último icono que apunta a Dios.
– Como devoto amante de los libros, ¿cuáles recomendarías como los tres libros de lectura obligada?
En realidad, Brandon, el que me enviaste, Notes from the Tilt-A-Whirl, de N. D. Wilson, fue absolutamente excelente. También Lancelot de Walker Percy, y Sangre Sabia de Flannery O’Connor.
Pero debes saber que pensé en otros 17 que podría añadir, como la trilogía de La Edad de Oro de John C. Wright. Y Diario de un Curar Rural por Bernanos.
– Última pregunta: supón que el papa te invita a la basílica de San Pedro. Te invita al balcón central y te da un minuto para hacer frente al mundo que te observa. ¿Qué dirías?
Primero, “¡Vamos a escuchar al hombre que tengo delante de mí!”
y luego:
“¡Escribe esto! tiny.cc/badc
y luego:
“Muy bien, !vamos a rezar para que llegue al Cielo! ¿Listos? Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir, etc.”
y luego:
“¡Adios!”
Traducido por PG
Original en The Thin Veil

  1. Borja Marcos

    La traducción, queridos amigos, decididamente mejorable. El contenido, interesante. No golpeemos más al español de lo que ya hacen nuestros adolescentes, entre los 10 y los 50 años.
    Saludos

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