¿Ha perdido Europa su alma?

Minorías creativas.

(Esta traducción es un extracto. El original, al final).

 

He expuesto que la economía de mercado nació en Europa, en el entorno fertil de los valores Judeo-Cristianos favorables al trabajo duro, la industria, parquedad, diligencia, paciencia, disciplina y un sentido del deber y la obligación. El capitalismo fue visto por sus defensores tempranos como una iniciativa profundamente moral. Generabó riqueza, suavizó las maneras, domó las indisciplinadas pasiones y disminuyó la amenaza de la guerra. Dos naciones vecinas podían o bien luchar o bien comerciar. Con la lucha ambas perdían. Con el comercio ambas ganaban. La “mano invisible” de los mercados convirtió la búsqueda del propio interés en la riqueza de las naciones, y la propiedad intelectual avivó los fuegos de la inventiva.

El capitalismo ha mejorado la dignidad humana, dejándonos más opciones y unas expectativas de longevidad mayores que las de cualquier generación que nos precedió. Ahora bien, no existe un equilibrio estable en los asuntos que conciernen a la humanidad. Hay una tendencia natural en las instituciones pujantes a invadir territorios que no son competencia suya, con consecuencias desastrosas. En la época de las religiones la culpable era normalmente la religión. A veces buscó poder político y se convirtió en un enemigo de la libertad. Otras veces buscó controlar la diseminacion de ideas y por ello se convirtió en enemiga de la libre y colaborativa búsqueda de la verdad. Hoy, en una Europa más secular de lo que fue en los últimos días de la Roma pre-cristiana, los culpables son un ateísmo científico agresivo ensordecido ante la música de la fe; un materialismo reduccionista y ciego ante el poder del espíritu humano; corporaciones globales sin control por parte de los gobiernos y a veces más poderosas que los mismos; maneras de hacer finanzas tan complejas que sobrepasan el entendimiento de los organismos a cargo de su regulación; una economía orientada al consumidor que está marchitando los horizontes imaginativos de nuestros niños; y el deshilachamiento de todos los vínculos sociales, de la familia a la comunidad, que una vez trajeron confort y redención a la soledad, para ser reemplazadas por redes virtuales intermediadas por teléfonos inteligentes cuyo resultado es dejarnos a todos “juntos en soledad”.

¿Qué podemos hacer nosotros, quienes, por tener fe en Dios, tenemos fe en la fe de Dios en la humanidad? Hay una expresión que el Papa Benedicto XVI ha empleado a menudo: minoría creativa. Si hay una cosa que los judíos sabían ser es una minoría creativa. Por ello, mi propuesta es que los judíos y los católicos deberían buscar el ser minorías creativas los dos juntos. Un dueto es más poderoso que un solo. Renunciando a cualquier aspiración de poder, deberíamos buscar el promover la fuente de energía más denostada en una sociedad dominada por el consumismo y el máximo beneficio, el poder del altruismo. Deberíamos reclutar líderes empresariales que nos ayudaran a enseñar que los mercados necesitan moral, que sin una ética fuerte, puede haber éxito a corto plazo pero no habrá viabilidad a largo plazo, y que la conciencia no es para blandos, es la base de la confianza sobre la que los negocios, las instituciones financieras y la economía dependen completamente. Deberíamos utilizar este momento de recesión para reestablecer al lugar que por derecho propio le corresponden en la sociedad cosas que tiene valor pero no tienen precio: el matrimonio, la familia, el hogar, dedicar tiempo a los padres y a los hijos, la amistad cara a cara que vertebra la comunidad, celebrar que no perseguimos sin descanso aquello que no tenemos, el sentido de gratitud y la acción de gracias, y la disposición a compartir las bendiciones de Dios con aquellos que menos tienen. Esas son las auténticas fuentes de la felicidad duradera y han demostrado serlo empíricamente.

Deberíamos buscar el recuperar el mundo alternativo creado por el Sabbath, un día entre siete en el que colocamos límites al poder del mercado para esclavizarnos con cantos de sirena, y dar a nuestras relaciones personales la oportunidad de madurar y a nuestras almas el aire puro que necesitan para respirar. Deberíamos desafiar al relativismo que nos dice que no hay formas de obrar correctas o equivocadas, cuando cada sentido e instinto en nuestra mente nos dice que no es así, que eso es una mera excusa para transigir en nuestro obrar cuando creemos que podemos salirnos con la nuestra.

Un mundo sin valores rapidamente se convierte en un mundo sin valor. Las superpotencias económicas tienen una corta vida: España en el siglo XV, Venecia en el XV, Holanda en el XVII, Francia en el XVIII, Inglaterra en el XIX, América en el XX. Mientras tanto el Cristianismo ha sobrevivido durante dos mil años y el Judaísmo el doble de eso. La herencia judeo-cristiana es el único sistema conocido capaz de derrotar la ley de entropía que dice que todos los sistemas pierden energía con el paso del tiempo. Estabilizar el Euro es una cosa, sanar la cultura que lo rodea es otra. Un mundo en el que los valores materiales lo son todo y los valores espirituales no valen nada no es ni un estado estable ni una buena sociedad.

Ha llegado el momento en el que nosotros recuperemos la ética judeo-cristiana de la dignidad humana por ser imagen y semejanza de Dios. Cuando Europa recupere su alma, recuperará su energía generadora de riqueza. Pero primero debemos recordar: la humanidad no se creó para servir a los mercados. Los mercados se crearon para servir a la humanidad.

Traducido por  M.

Original: http://www.mercatornet.com/articles/view/has_europe_lost_its_soul

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